Pues bien, para
instrumentarlas es necesario que el facilitador, primeramente
explore las herramientas y recursos como usuario, respondiendo a planteamientos
como ¿para qué sirve? y ¿cómo se usa?; seguidamente y como segundo aspecto, las
debe valorar, respondiendo a: ¿sirve para que mis estudiantes aprendan a…?,
¿cómo la puedo usar en el aula?, ¿con qué contenidos curriculares se asocia?,
¿qué conocimiento, habilidades y valores se fortalecen con ella?; como tercer
aspecto, se deben planificar, es decir, encajarlas en los momentos formativos
– inicio, desarrollo, cierre, evaluación- , teniendo claro el objetivo
instruccional desde el cual se enmarcan; en cuarto lugar, se deben aplicar, es
decir usar en el aula, romper la barrera del yo las conozco, y trascender a
vivir el aula con muchos computadores, ciertamente el aula de clase es un
laboratorio, en donde se experimenta con cada método de enseñanza para aprender
de los aciertos y mejorar de los desaciertos; como quinto aspecto, se debe evaluar,
respondiendo a ¿qué aprendí con la experiencia?, ¿me atrevo a utilizarlas
nuevamente?, ¿cómo puedo mejorar esta experiencia?, ¿los estudiantes
aprendieron?, ¿se lograron las metas instruccionales?, ¿a los estudiantes le
agradó la experiencia?.
Con todo lo explicado solo resta como sexto y último aspecto, socializar, es decir, compartir la experiencia, ya sea escribiéndola en un artículo para su difusión, como ponencia en un evento, o en una feria de saberes, lo cierto es que la innovación si no se colectiviza, nadie la conoce, no se puede trasladar a otros contextos, y no se volverá a repetir, exceptuando que el docente lo haga, por lo que la experiencia de la innovación haciendo uso de las TIC no podrá ser valorada desde fuera del centro escolar, o del aula. Lo importante ante estas tecnologías no es solo utilizarlas para consumo personal, sino incorporarlas en el aula, para ello es necesario hacer un proceso de planeación crítico, reflexivo y consciente de su valor pedagógico desde las metas instruccionales, y ante todo compartir los aciertos y desaciertos de lo vivido ante esa inserción curricular de las TIC.
Con todo lo explicado solo resta como sexto y último aspecto, socializar, es decir, compartir la experiencia, ya sea escribiéndola en un artículo para su difusión, como ponencia en un evento, o en una feria de saberes, lo cierto es que la innovación si no se colectiviza, nadie la conoce, no se puede trasladar a otros contextos, y no se volverá a repetir, exceptuando que el docente lo haga, por lo que la experiencia de la innovación haciendo uso de las TIC no podrá ser valorada desde fuera del centro escolar, o del aula. Lo importante ante estas tecnologías no es solo utilizarlas para consumo personal, sino incorporarlas en el aula, para ello es necesario hacer un proceso de planeación crítico, reflexivo y consciente de su valor pedagógico desde las metas instruccionales, y ante todo compartir los aciertos y desaciertos de lo vivido ante esa inserción curricular de las TIC.
